La acusación más conocida e impresionante dirigida contra la “amoralidad” marxista se apoya en la supuesta regla jesuítica del marxismo: “el fin justifica los medios”. De ahí no es difícil extraer la conclusión siguiente: los trotskystas, como todos los marxistas no reconocen los principios de la moral, consecuentemente, entre trotskysmo y stalinismo no existen diferencias “principiales”. Es lo que se quería demostrar. Un semanario norteamericano, muy vulgar y cínico, emprendió, a propósito del marxismo, una pequeña encuesta que, como de costumbre, sólo había de servir a la vez a los…
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